COLECTIVO PARA LA DIFUSIÓN HISTÓRICA Y CULTURAL DE LA VILLA DE BURGUI (NAVARRA)


SANTA LUCIA

13 DE DICIEMBRE: SANTA LUCIA

El 13 de diciembre es la festividad de Santa Lucía. Hoy día, lo mismo en Burgui como en el resto del Valle de Roncal, es una fecha que pasa totalmente desapercibida. Pero esto no sucedía antaño. 

Sabemos que en Uztárroz llegado este día era costumbre encender hogueras en la plaza y comer migas. Esta costumbre desapareció ya iniciado el siglo XX. En Garde existió en las afueras del pueblo una ermita dedicada a Santa Lucía, hoy desaparecida. Domingo López, beneficiado de la parroquia de Garde, en el año 1658 dejó una manda testamentaria de 14 ducados a repartir entre la iglesia parroquial (6 ducados) y las ermitas de Zuberoa (4 ducados), de San Juan (2 ducados), de Santa Lucía (1 ducado) y de San Cristóbal (1 ducado).


Sin embargo, es en Burgui en donde más expresiones religiosas encontramos en torno a esta santa. Hubo también en nuestro pueblo una ermita dedicada a Santa Lucía, ya desaparecida, cuyo emplazamiento se desconoce. Todo hace pensar que estuvo en el monte de Santa Lucía (de allí este topónimo), junto al vedau Nuevo y Zicaraya.


En el año 1783 el obispo don Agustín de Lezo durante su visita pastoral a Burgui mandó "que en la basílica de Santa Lucía se haga mantel nuevo y que a la santa se le quite el vestido que tiene actualmente y se haga otro nuevo".




Félix Sanz recoge el dato de que en el año 1760 se contabilizaron entre otros ingresos "seis reales y veinte maravedís cogidos en el platillo durante las rogaciones mayores y menores del día de Santa Lucía", lo que implica que en esas fechas todavía se iba en procesión hasta la ermita.

Tenemos conocimiento de la existencia de una Cofradía (o Hermandad) de Santa Fe y Santa Lucía. Se desconoce cuándo desapareció esta cofradía burguiar pero sí se sabe a través del libro de la Cofradía de Santa Fe y Santa Lucía es que en el año 1708 ya existía, siendo entonces su prior Martín Sanz. Mientras que en 1778 el prior era Pablo Burdaspal.


Los cofrades tenían la obligación de acudir a la ermita de Santa Lucía ataviados con capote y valona, pues sus propias ordenanzas establecían que quienes no lo hiciesen serían castigados con la sanción de dos reales. Una parte de esas multas estaba dispuesto que fuesen destinadas a los pobres. Por no acudir a Santa Lucía vestidos conforme al reglamento, por ejemplo, fueron sancionados Domingo Rodrigo y Juan Tomás Ustés.


Dentro del patrimonio oral recogido en Burgui ha pervivido hasta nuestros días una pequeña oración dedicada a esta santa que dice así:


Santa Lucía bendita

madre de San Agustín
a Dios entrego mi alma
cuando me voy a dormir

HISTORIA

MONASTERIO DE BURDASPAL




Conocido también con las grafías de Urdaspal, Urdaspar, o Burdaspar. 
         Lugar del municipio de Burgui, ubicado en la margen derecha del Ezka, muy cerca de la carretera que va de Burgui a Roncal, a unos tres kilómetros de Burgui. 
         Burdaspal es, o fue, una buena finca. Se extiende desde el barranco de Ajanda, al sur, hasta el de Ugañáin, al norte. Es una franja de aproximadamente un kilómetro de terreno llano, bueno para el cultivo teniendo en cuenta la calidad más bien precaria de las tierras de esta comarca. Al oeste confronta con el río Ezka, y al oeste con monte bajo y pinar.
         “Los monjes fundadores –escribe Félix Sanz-  tuvieron buen ojo para elegir el terreno de la primera abadía del valle… Hasta contaba con una hermosa fuente, la del “Caserío”, de la que los monjes podían abastecerse en el estío”.
         En el centro de esta finca, a la altura de lo que hoy se denomina la “revuelta del Caserío” en la carretera hacia Roncal, a unos cien metros al este de una borda, hoy abandonada, se hallaba lo que primero fue el monasterio y después el palacio de Burdaspal.

         Monasterio.- Acogió al monasterio benedictino de Urdaspal, que fue visitado a mediados del siglo IX por San Eulogio de Córdoba cuando era abad Dadilano, al que menciona en la carta que escribió a Guillesindo, obispo de Pamplona. Tuvo San Eulogio “ocasión de admirar el espíritu de humildad y obediencia que animaba a los monjes y también su cultura literaria”, según escribe Lacarra.
         Todo hace indicar que el monasterio no debía de ser muy grande. Presumiblemente estaba formado por un pequeño grupo de monjes y por algunas familias de criados encargadas del ganado y de las labores agrícolas.
         Poseían los monjes algún cubilar para el ganado, un molino, huerta y árboles frutales, incluso algo de viña que les servía para elaborar vino.
         Conviene tener en cuenta que en aquella época la localidad de Burgui era tan sólo uno de los pequeños núcleos de población (Burgui, Segarra, Uli, Urgue, y Cortes) que hoy quedarían integrados dentro de su actual término municipal.
         El monasterio se encargaba de cobrar los diezmos, primicias y oblaciones de las iglesias que había en estas cinco poblaciones.
         El historiador local Félix Sanz, de Burgui, alude a que con posterioridad a la existencia de esos cinco pequeños núcleos de población, existió la iglesia de Santa María de la Cabeza, ubicada también dentro del actual término de Burgui. Y de esta iglesia nos cuenta este historiador que dicen las crónicas que en el año 1090 el abad de Urdaspal (Burdaspal), un tal Raimundo, “intentó crear, junto a este templo una nueva villa. Para ello el abad dio a un tal Gardelio y a su hijo, clérigo, dicha iglesia; pero parece que el abad trataba de imponer unas obligaciones económicas demasiado rigurosas para los posibles futuros colonos. A quienes fueron a poblar el lugar les otorgaba ‘todo lo que pudierais o pudieran labrar en esas tierras yermas o incultas, y que nos entregueis el diezmo de las mismas’. Pero a la vez exigía a los futuros súbditos otras servidumbres un tanto arbitrarias, como la de trabajar 15 días para el monasterio recibiendo durante la quincena solo pan y vino… Ante tales pretensiones parece que no hubo quien se presentara a solicitar la vecindad para esta futura nueva villa”.
         El rey Sancho Ramírez hizo donación de este monasterio el 28 de enero de 1085 al de San Salvador de Leyre, por cuya cesión, después de extinguido y arruinado, se convirtió el lugar en señorío particular.
         Es de suponer que desde su vinculación con Leire tuvo un templo dedicado a la advocación de San Salvador, que de alguna manera San Salvador representaba al Cristo triunfante y glorioso del Tabor y la Resurrección.
         El monasterio tenía fuera del valle un par de decanías (fincas o iglesias rurales propiedad de un monasterio), que eran las iglesias de Santa María de Olaz, en el valle de Lónguida, y la de San Martín de Ologasti, en la Canal de Berdún, junto a Aso y Miramón.


         Señorío.- Burdaspal fue también un señorío, con palacio de cabo de armería y de los de la nómina antigua, con llamamiento a Cortes.
         Por lo general las relaciones del señorío de Burdaspal con Burgui no fueron muy buenas, pues la condición de señorío no encajaba con las ordenanzas del Valle de Roncal ni con la condición que gozan los roncaleses de hombres libres, no sujetos a señorío.
         El linaje de los Burdaspal estuvo repartido fundamentalmente en las localidades de Burgui, Aoiz, y Peralta; vamos a centrarnos aquí en la rama que permaneció fiel a sus raíces, en el propio lugar de Burdaspal.
         El primer dueño y señor de Burdaspal que conocemos esJuan de Burdaspal, señor de los palacios y lugar de Burdaspal, de sus términos, y de los bienes agregados de Liédena y de Burgui, quien se preocupó de vincular en mayorazgo sus bienes y apellido al otorgar carta de testamento con fecha 20 de mayo de 1543 ante Juan Pérez de Navascués, notario público y jurado del Reino de Navarra. Este documento nos permite conocer que se casó con doña Grazia, con la que tuvo los siguientes hijos: Juan (su sucesor), Salvador, Cristóbal, Catalina, Blasco (rector del señorío), Marco (fallecido sin tomar estado), y Lucía (fallecida siendo niña).
         Ya en el año 1545 nos encontramos con Juan de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, e hijo del anterior. En aquél momento encontramos al hijo pleiteando con Basilio Burdaspar, rector de la iglesia de Burdaspal y residente en Sangüesa, a causa de varias posesiones, entre ellas una casa en Burgui.
         Era el año 1556 cuando Miguel de Andrés, colector del valle de Roncal, se mete en un pleito con Juan de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, a causa del impago de 4 ducados y medio de cuarteles y alcabalas.
         Al año siguiente, 1557, el valle de Roncal inicia un largo y complicado proceso contra el señor del palacio de Burdaspal exigiéndole el pago de cuarteles y alcabalas como cualquier vecino del valle. Este proceso se alargó nada menos que hasta el año 1643, con el resultado negativo para las pretensiones de los roncaleses, pues la Cámara y Consejos Reales de Navarra, atendiendo a que “la casa de Burdaspal a sido Casa y Palazio de Cauo de Armería de tiempo prescripto e inmemorial, de cuio principio no ha hauido ni ai memoria de ombres en contrario, y en toda la dicha Valle,, por todos los de aquella, ha sido realmente tenido por Palazio y Casa de libertad y no por ottra, no en perjuicio de la dicha Valle sino en honrra della”, tal y como quedó sentenciado en los procesos de 1565 y 1570.
         En el año 1560 nos encontramos a Pedro Pérez de Urzainqui, natural y vecino de Urzainqui, envuelto en un nuevo pleito contra Juan de Burdaspar, señor de Burdaspal, “sobre pago de 34 ducados y 12 tarjas de alcance de cuentas y, por vía de reconvención, pago de 8 florines de una obligación”.
         Juan de Burdaspar, y su hermano Blas, protagonizan en 1570 un nuevo pleito contra Sancho Ledea y otros vecinos de Burgui, a quienes reclama que le paguen una indemnización por los daños que los ganados de estos han causado en sus piezas.
         A Juan le sucede su hermano Blas de Burdaspal, que ocupó el cargo de señor durante muy pocos años, tiempo suficiente para pactar con el Valle los derechos de peaje, correspondientes a sus jurisdicciones.
         Tras su fallecimiento le sucede en el cargo Domingo de Burdaspal, Señor de Burdaspal y de Liédena que se casó con doña Águeda de Garat, en cuya casa solariega de Urzainqui nació posteriormente el famoso capitán don Raimundo Necochea de Iñiguez, que pasó a la posteridad por haber sido la persona que capturó en el Perú al rebelde emperador inca Tupac Amaro.
         En 1577 el señor de Burdaspal era Fernando de Burdaspar, de quien sabemos que era hijo de Águeda de Olleta, y que compartió el título con su hermano Miguel de Burdaspal y Garat, que casó con María Fernández de Urniza (hija de Miguel y de Ana Fernández de Ardanaz).
         Una multa por desacato al juez de insaculación le pusieron en 1608 al vecino de Aoiz Miguel de Burdaspar, que en ese momento ostentaba los títulos de señor de los palacios de Burdaspal y de Liédena.
         Le sucede su hijo José de Burdaspal y Fernández de Urniza, que fue Diputado de las  Cortes celebradas en 1642.
         En el año 1630 nos encontramos con un pleito que enfrenta a Ana María Fernández, viuda de Domingo de Burdaspal, y que se autotitula señora de Burdaspal, con la villa de Burgui “sobre ejecución por 830 ducados de venta de 830 robos de trigo”.
         En 1643 José de Burdaspar, señor del palacio de Burdaspal, pleitea contra Pedro de Vergara, vecino de Urzainqui, “sobre ejecución de un vedado por 28 ducados de réditos de un censo de 120 ducados de préstamo”. Tres años más tarde contrae matrimonio con Josefa de Acedo y Romeo, de Tiebas. Residen en Aoiz.
         Es en el año 1651 cuando vemos a José de Burdaspar envuelto en un pleito contra el Fiscal del Reino a causa de la“información de cédula real relativa a solicitud de acostamiento de 50.000 maravedís”. En ese momento José de Burdaspar era señor del palacio de Burdaspal (término de Burgui), del palacio de Racas (término de Navascués), del palacio de Guesaleria (en Ochagavía), y de los palaciós de Ustés y de Liédena. Concretamente los palacios de Racas, de Ustés y de Guesaleria, así como las pechas de Cerréncano, con todas sus preeminencias, derecho de asiento en Cortes y acostamiento, las recibió José de Burdaspal tras morir su tío-abuelo, Juan de Racas, sin sucesión; patrimonio este que desde entonces queda incorporado al linaje de Burdaspal.
         La cédula de José de Burdaspar, fechada en Madrid el 14 de septiembre de 1653, consignaba su calidad de hijo-dalgo, noble por todos sus abolorios, e informaba que en 1638 había servido, con una compañía de cien hombres, en la villa de Burguete “los cuales levantó en la villa de Aoiz, siendo Alcalde”, y también que había asistido al sitio de Fuenterrabía.
         Pero José de Burdaspar no sólo pleiteaba contra los vecinos del valle o contra el Fiscal, ni tan siquiera su propia familia se libraba. En 1665 lleva a su propio hijo ante los tribunales, que se llamaba igual que él, y que además debiera de ser su sucesor; la razón no era otra que la de que su hijo quería tomar a cuenta 700 ducados de los bienes de su mayorazgo para pagar la dote de su hermana Josefa. Le negó a su hijo el derecho de sucesión, muriendo este hijo “sin tomar estado” después de asistir a las Cortes Generales de 1677.
         Ese mismo año de 1665 los vemos pleiteando contra el abad de su iglesia, Francisco Girón, a la vez que exigía ser él quien eligiese al clérigo que ejerciese en su iglesia; y en 1666, y durante trece años, José de Burdaspar mete en un proceso a su propio hermano Joaquín a causa del permiso para tomar a censo 500 ducados en su mayorazgo.
         En 1672, como una prolongación del pleito que hemos visto en 1643, volvemos a encontrar un pleito que enfrenta a Martín de Arles, presbítero beneficiado de la iglesia de Urzainqui, y cesionario del urzanquiar Pedro de Vergara, con José de Burdaspar, señor de los palacios de Burdaspal (Burgui) y de Racas (Navascués) “sobre ejecución de una heredad por réditos de un censo de 80 ducados de préstamo”.
         Dos años más tarde, en 1674, José de Burdaspar, en calidad de señor de los palacios de Burdaspar y de Racas, casado con Josefa de Acedo, pleitea contra Juan Antonio de Acedo, de Tiebas, sobre el pago de 2.500 ducados de dote, ofrecidos en los contratos matrimoniales. Jose de Burdaspar y su mujer vivían entonces en Aoiz.
         Cuatro años después, en 1678, vemos todavía a Josefa Acedo, en calidad de viuda de José de Burdaspar, acudir a los tribunales a causa de la demanda interpuesta por su hermano, Juan Antonio Acedo, vecino de Enériz en ese momento y señor del palacio de Iriberri (Leoz); en esta ocasión el pleito era por culpa de 900 ducados de la dote.
         Del matrimonio formado por José de Burdaspal y Josefa de Acedo nacieron el ya mencionado José (desheredado) y Teresa.


         Así pués, doña Teresa de Burdaspal y Acedo pasa a ser la nueva señora de Burdaspal, y titular de todas las propiedades y mayorazgos que le venían por herencia. Se tiene constancia de que en 1719 hubo un proceso de doña Teresa Burdaspal y Acedo, vecina de Pamplona, dueña del palacio y señorío de Burdaspal, contra el Fiscal y Patrimonial y los jurados, vecinos y concejo de Burgui, para que estos le devolviesen cinco robos y medio de trigo que le exigieron para el pago del cuartel correspondiente a dicho palacio y señorío, por ser libres y exentos de esa contribución desde muy antiguo.
         Teresa se casó con Esteban de Echeverría, capitán de Marina, de la casa de Olano, por cuyo matrimonio agregó a los suyos el mayorazgo fundado por él mismo en Pamplona.
         Una vez que Teresa de Burdaspal quedó viuda hizo la distribución de sus bienes tal y como había quedado dispuesto por testamento otorgado en 1726 en la ciudad de Pamplona; y esta distribución la hizo entre los siguientes hijos: María, Fermín, y María Bernarda.
         Merced a ese testamento el nuevo titular de los palacios y mayorazgos pasa a ser Fermín de Echeverría y Burdaspal(desaparece Burdaspal como primer apellido). Fermín fue Capitán de Dragones con el Marqués de Caylus, asistiendo entre otras a las acciones de Almansa, Lérida y Villaviciosa. Posteriormente, en 1738, fue nombrado Alcalde de Pamplona, en cuya fecha visitó la capital la Reina doña María Ana de Neoburg.
         Se casó con Dionisia de Azpilcueta, hija del muy ilustre señor D. Antonio, Consejero de Su Majestad, y de doña Felicia de Iriarte. 
         De Fermín y de Dionisia nació Antonio de Echeverría-Burdaspal y Azpilcueta.
         En el año 1744 nos encontramos con que Antonio de Echeverría y Azpilcueta (obsérvese que ya no utiliza el apellido Burdaspal, al menos en esta ocasión) en calidad de descendiente de la casa de Echeverría en el lugar de Olano (Valle de Ulzama) solicita de las Cortes del Reino que se acredite su nobleza; Antonio de Echeverría era en aquél momento señor de Urdaspal y de los palacios de Racax Alto, Liédena y Ustés. Desde el año anterior venía pleiteando sobre su derecho de asiento en las Cortes Generales.
         Antonio de Echeverría asistió a las Cortes de 1757 y 1780; litigó con el valle de Roncal la titulación de su solar (por muerte sin sucesión de doña María Isabel de Acedo), lo que creó una situación anómala e irregular en la que llegó a perder temporalmente la propiedad.
         Dentro de la segunda mitad del siglo XVIII figuraba como casero y arrendador del caserío de Burdaspal don Juan Ibañez, quien había dejado este lugar, en alquiler, al mencionado don Antonio de Echeverría y Azpilcueta, vecino este último de Pamplona y de Tafalla. 
         Lo cierto es que Antonio de Echeverría, tan preocupado por acreditar su nobleza, se las tuvo que ver con la Junta del Valle de Roncal en un pleitó que duró desde 1761 hasta 1798 acausa de la pretendida denominación de “palacio” a la casa de Burdaspal.
         En el año 1802 todavía se mantenía como señorío.
         Sobre las ruinas del monasterio se levantó una iglesia dedicada a San Salvador, que hacía las veces de abadía rural. Se sabe que a mediados del siglo XIX estaba en ruinas y que del monasterio todavía quedaban algunos vestigios.
         Durante buena parte del siglo XX los lugareños conocían a Burdaspal como El Caserío, quizás –según apunta Félix Sanz en su libro “Burgui, un pueblo con historia” (2001)- en recuerdo de las casas de criados y menestrales que debío haber alrededor de este señorío.



         Escudo.- Las armas del palacio y apellido de Burdaspal son: escudo de oro, fajado de cuatro de azur que, con este color, o esmaltadas de sinople, se han usado indistintamente por las diferentes familias originarias de esta casa.

(Texto: Fernando Hualde)
(Fotos: Iñaki Ayerra)

9 de febrero de 2013

CARNAVAL 2013

Fotos: Charo Quel















CARNAVALES DE ANTAÑO


¿Desde cuando se celebran?, no se sabe. Pero lo que sí sabemos es que la guerra de 1936 marcó el inicio de un paréntesis de más de cuarenta años en los que doña Cuaresma no fue previamente anunciada por don Carnal; a diferencia de otros muchos pueblos no hubo propiamente una suspensión tras la guerra. No se prohibieron en Burgui los carnavales, pero sí se prohibió taparse la cara, y durante todo ese tiempo sin duda no fueron lo mismo.


Las ordenanzas de 1879, que se conservan en el Archivo Municipal, aplicaban para las carnestolendas de esta villa una normativa amplia y clara: “En los días de Carnaval se permitirá andar por las calles con disfraz, careta o máscara; pero se prohíbe llevar la cara cubierta después del toque de oraciones de la tarde”. Esta misma ordenanza prohibía también “los trajes que imiten la Magistratura, los hábitos religiosos, o los de las órdenes militares. La autoridad municipal tenía potestad para obligar a quitarse la careta, si entendía que era necesario.
En el año 1923 un bando municipal prohibía a los enmascarados pronunciar discursos políticos o sátiras punzantes; o arrojarse de unas personas a otras agua, líquidos, pinturas..., o gritar y vociferar a partir de las 10 de la noche.


Sábado de Carnaval


Lamentablemente no es mucho lo que sabemos de aquellos carnavales de antaño. Sí que sabemos que mientras en otros pueblos del valle los carnavales se celebraban los tres jueves previos al Miércoles de Ceniza, en Burgui comenzaban el sábado anterior a ese mencionado miércoles.

El personaje emblemático por excelencia era el zipotero; se llamaba así a cualquiera que fuese disfrazado, pero el requisito indispensable era cubrir la cara con una máscara, que normalmente era de cartón o de tela. Los zipoteros que salían el sábado a la tarde, armados con un palo, solían ser muchachos con una edad que oscilaba entre los 14 y los 16 años. Les gustaba perseguir a los niños, azuzándoles con el palo; pero estos no paraban de gritarles aquello de “Zipotero, morros de puchero, y si no me das el gorro, te encorro”, o aquella otra letrilla que decía “triko trako, una abarca y un zapato”.



Domingo de Carnaval


Una cosa no estaba reñida con la otra. Lo primero era la misa mayor, a la que acudía la mayoría de los vecinos; finalizada la ceremonia religiosa era el momento de que los mozos se reuniesen en cuadrillas, algunos de ellos disfrazados. A partir de ese momento cada una de las cuadrillas se buscaba un sitio en el que estar, bien fuese una casa, un pajar…; y allí, al ritmo de la guitarra, bandurria, acordeón, o de otros instrumentos musicales, se improvisaba un baile entre chicos y chicas.

Lo curioso es que después las chicas se retiraban a su casa, mientras que ellos se sentaban juntos a comer en la denominada casa de la cuadrilla, con abundante comida (cabrito, cordero, ternasco, ajoarriero, etc.) y abundante bebida (vino, café, coñac, anís, etc.).


Pero el momento de disfrazarse era por la tarde. Después de la sobremesa algunos acudían a prepararse a su casa, otros lo hacían en cuadrilla. Y es así como los zipoteros tomaban la calle. Ellas, las chicas, eran poco dadas a las excentricidades; solían disfrazarse, pero con elegancia, de ahí que se les llamase madamas. Era frecuente ver también a algunos hombres vestidos de elegantes damas, esos eran los madamos. Tanto ellas como ellos vestían totalmente de blanco; falda, blusa, medias, zapatos… todo blanco; en la cabeza un sombrero de paja cubierto con unos paños blancos.

Algo muy propio de Burgui, y que también se daba en el resto del valle, era la afición por representar escenas agrícolas. Raro era el carnaval en el que no se viese a dos caballerías, o bueyes (dos mozos atados entre sí con una cuerda, como si fuesen juñidos, y con un trapo colgando al cuello, a modo de collerón), arrastrando un arado que era conducido por un arriero. A su lado nunca faltaba otro zipotero que hacía de “asementador”, solo que en lugar de simiente echaba a bautizo (echar a voleo excrementos de cabra, o cacalotes, pintados con cal, que iba sacando de una alforja. A veces el “asementador” llevaba también un pequeño caldero lleno de otro tipo de excrementos, pero cubriendo la capa superior con cacalotes de cabra, de tal forma que en su actuación callejera dejaba el caldero en el suelo, y de su alforja sacaba cacalotes arrojándolos a la gente, y nunca faltaba algún “listo” que, con ánimo de venganza, aprovechaba el “despiste” del zipotero para correr hacia su caldero e introducir en él la mano creyendo que allí llevaba solo las cagarrutas de las ovejas, pero aquella mano de inmediato quedaba embadurnada de… ¡excremento humano!.

Otros no eran tan brutos, aunque hacían algo similar; llenaban un caldero con ceniza y agua, creando una masa espesa y viscosa, sobre ella colocaban una fina capa de excrementos de oveja tintados con cal, de tal manera que con la poca luz del atardecer simulaban ser almendras, y cuando alguien iba a coger las almendras que se le ofrecían, en el momento de cogerlas levantaban el caldero haciendo que la mano se hundiese en ese fango de ceniza y agua que ocultaban las “almendras”.

El zipotero más típico era el que se disfrazaba de anciana, con su chambra, su falda, sus alpargatas, y siempre una careta.

Por lo demás, el zipotero solía vestir con ropas viejas, pantalones blancos o de flores, un saco viejo de arpillera a modo de jersey, una cesta vieja en la cabeza, la cara tapada, y en la mano una vejiga de cerdo, símbolo de fertilidad.



Lunes y Martes de Carnaval


El lunes y el martes previos al Miércoles de Ceniza se reproducían las mismas escenas que el domingo. Estos dos días la gente mayor, o al menos los casados, se involucraban más. Por la mañana se hacía la denominada Ronda de los Casados, en donde ellos iban de casa en casa formando una animada comitiva musical en la que se veían instrumentos como la pandereta, el triángulo, laúd, requinto (una guitarra pequeña, en Salvatierra guitarrico), bandurria, guitarra, y las famosas castañuelas, que en Burgui se hacían estas con dos piedras de río, planas, que se ponían entre los dedos y se les hacía sonar con gran habilidad.


Al anochecer las calabazas adquirían también su protagonismo. Vacías, con ojos y boca, y una vela en su interior, decoraban algunas ventanas. Mientras tanto no faltaban zipoteros que, con unos zancos en los pies, recorrían las calles con nocturnidad apoderándose de todas las reservas alimenticias que fresqueaban en las ventanas, incluso entraban en los corrales a por huevos, ¡y a por gallinas algunos!. Con todo lo arramplado hacían después buena cena. Era carnaval, y esto lo justificaba todo.


El carnaval de Burgui tenía su canción de despedida, no muy diferente a la empleada en otros pueblos del valle, pero adaptada. Decía así: “Si de mi dependiera, yo lo había de arreglar, con siete meses de San Pedro, y cinco de Carnaval”.



Los últimos testimonios


En el año 2001 el colectivo Kebenko editó un folleto sobre los carnavales del valle de Roncal. En el caso de Burgui se apoyaron en los testimonios de Pedro Baines, de Carlos Zabalza (entonces con 87 años), y de un tal Babil (entonces con 94 años).


Entre los años 2006 y 2009 la asociación cultural La Kukula, a través de las entrevistas realizadas, ha recogido testimonios del carnaval de varios vecinos de esta localidad, quienes a través de sus recuerdos nos permiten hacernos una idea de lo que pudieron ser los carnavales de Burgui en el siglo XX.

Cirila Garate Ustés (1907) recordaba que en Burgui se vestían de cipoteros, con tela de saco y sombrero de paja. Iban por las casas pidiendo, y cada vecino les daba lo que buenamente podía. Les gritábamos “cipotero, morro de puchero”.


Josefa Urzainqui Sanz (1921) rememoraba: “Iban los mozos disfrazados con caretas, y llevaban escobas ‘mascaradas’. Las chicas, perseguidas por ellos, corrían a casa a encerrarse. Los carnavales eran muy sucios”.


Simeón Palacios Garate (1934) manifestó durante la entrevista que él recordaba que en Burgui duraban estas celebraciones tres días, concretamente los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza (domingo, lunes y martes). “Solía venir un acordeonista de Jaurrieta; y los mozos se disfrazaban como si fuesen espantapájaros, con sombrero de paja y telas de saco, u otras ropas viejas. Después de la guerra civil (1936-1939) los curas no dejaban que los mozos se tapasen la cara”.

Hilario Glaría Urzainqui (1936) contaba que en Burgui, a diferencia de otros sitios, no se han prohibido nunca. Siempre se han celebrado. Los mozos salían con bandurrias; había baile en lo de Ayerra, en el salón; y años atrás el baile se hacía en la carretera.

Los días de carnaval eran los tres anteriores al Miércoles de Ceniza (domingo, lunes y martes). El martes, que era cuando acababan, era fiesta para todo el pueblo; no se trabajaba ese día. Se iba de ronda por las calles, muchos iban con la cara un poco pintada.

Los niños cantaban:


Cipotero,

morros de puchero,

si no me das el gorro,

te encorro.

 

            Otra canción era:


E, e, e,

caraza, maraza,

llevas las tripas

de calabaza.


            Y otra:

Poco puedes,

menos vales,

rompe esquinas,

por las calles.



Miguel Aznárez Lus (1965) recordaba que cuando él era niño, antes de morir Franco, “no se celebraban los carnavales, pero por llevar un poco la contraria al cura, algunos nos pintábamos bigotes y barba con corcho quemado, y al día siguiente teníamos que ir a confesar el ‘pecado’ con don Marcelino”.

DIA DEL OBISPO. 6 DE DICIEMBRE, SAN NICOLAS

Con motivo de la festividad de San Nicolás, cada 6 de diciembre los niños y niñas de Burgui recorren las calles del pueblo bendiciendo las casas y entonando alegres coplas a cambio de aportaciones de viandas de los vecinos con las que después celebran un buen festín. 

Día del Obispo, Burgui, 06-12-2012

Este nutrido grupo de niños y niñas está formado por un séquito encabezado por el "obispo" y dos diáconos a los que acompañan el "alcalde" (lleva una vara de mando y es el encargado de recoger los donativos en metálico en un zacuto), los "cesteros" (transportan las cestas donde se recogen las viandas como patatas, huevos o dulces), y los "espederos" (quienes en unos espedos ensartan las chulas, longanizas o embutidos).

Día del Obispo, Burgui, 06-12-2011

La víspera de la celebración de este festejo, el "alcalde" que forma parte de esta comitiva es el encargado de comunicarlo a los vecinos mediante este curioso bando anunciado por el pueblo mediante corneta:

De orden del señor alcalde, hago saber, que durante el día de mañana, día de San Nicolás guarden bien sus animales domésticos, especialmente las aves. En caso de encontrar alguna de ellas por las calles, será llevada a casa del obispo, donde seguidamente será sacrificada.

De esta manera se advertía al vecindario del riesgo de que se apropiaran  de las gallinas que antiguamente se encontraban por las calles. También tenían derecho para entrar en las huertas y recoger los escasos productos que por estas fechas se encontraran, principalmente cardos.

Día del Obispo, Burgui, 06-12-2002

El propio día 6 se realiza el recorrido por las calles del pueblo entonando estas tradicionales coplas y canciones:

Hoy es el día de San Nicolás, todos los niños de fiesta están, en esta casa todos esperan la limosnica que nos alegra, ¡el señor obispo les bendecirá!
              
Vengan vengan los huevos, las chulas y los cuartos y alguna otra cosica que si no, no nos vamos. Si nos dan, no nos dan, las gallinas cantarán.

 La señora de esta casa es una santa mujer, pero más santa sería si nos diera de beber. Compadézcanse señores, de estos pobres estudiantes, que celebramos la fiesta muy contentos y galantes.
              
Una vez recibidas las viandas y aportaciones en cada casa, el obispo realiza la siguiente bendición frente a ella antes de proseguir la marcha:

La bendición de Dios Padre, la bendición de Dios Hijo, la bendición de Dios Espíritu Santo, que baje Dios a esta casa y la bendiga, por los siglos de los siglos, amén.

Día del Obispo, Burgui, 06-12-2005


Se trata de una tradición muy antigua que data al menos del siglo XIX. Antiguamente sólo participaban trece chicos de 14 años de edad, si bien ahora participan niños y niñas residentes en el pueblo, y comenzaba con la celebración de una misa. Algunos de los niños llevaban gorros militares   supuestamente relacionados con la guerra de Africa.

La edición de 2005 de esta antigua celebración del Día del Obispo fue grabada por la productora de televisión Pyrene a propuesta del Museo Etnográfico Julio Caro Baroja con objeto de recoger y salvaguardar documentalmente todo el proceso de esta tradición del pueblo de pueblo de Burgui.


MEMORIA FOTOGRÁFICA DE ESTA FIESTA

AÑO 2008









AÑO 2004